Las altas temperaturas son uno de los principales factores de estrés para los cultivos. Cuando el calor coincide con radiación intensa, baja humedad, viento seco o poca disponibilidad de agua, la planta puede perder la capacidad de mantener su funcionamiento normal. El problema no se limita a síntomas visibles como marchitez, caída de flores o quemaduras: antes de que aparezcan ya pueden haberse producido alteraciones fisiológicas que reduzcan el crecimiento, el cuajado, el rendimiento y la calidad de la cosecha.
¿Qué ocurre en la planta durante un episodio de calor?
Cada cultivo posee un intervalo de temperatura en el que la fotosíntesis, la respiración, la absorción de agua y el crecimiento se desarrollan de forma equilibrada. Cuando se supera durante varias horas o días, aparece el estrés térmico. Su gravedad depende de la especie, la variedad, el estado de desarrollo, la duración del episodio y la disponibilidad de agua.
Una de las primeras consecuencias es el aumento de la demanda hídrica. La planta incrementa la transpiración para refrigerar las hojas, pero, si las raíces no pueden reponer el agua con suficiente rapidez, comienza a cerrar los estomas. Así reduce la pérdida de agua, aunque también limita la entrada de dióxido de carbono y disminuye la fotosíntesis.
El calor puede alterar las membranas celulares, la actividad de las enzimas y el funcionamiento de los cloroplastos. Cuando la planta recibe más radiación de la que puede aprovechar, aumenta el riesgo de fotoinhibición y de formación de especies reactivas de oxígeno. Si sus sistemas antioxidantes no logran controlarlas, se produce estrés oxidativo, capaz de dañar pigmentos, proteínas y membranas. Además, la respiración puede aumentar y consumir una mayor proporción de los azúcares disponibles.
Floración, cuajado y calidad del fruto
Las fases reproductivas son especialmente sensibles. Las temperaturas elevadas pueden reducir la viabilidad del polen, dificultar la fecundación y provocar caída de flores, cuajado irregular o frutos deformes.
Los frutos expuestos pueden alcanzar temperaturas superiores a las del aire, aumentando el riesgo de golpe de sol, decoloraciones, necrosis y pérdida de valor comercial. El calor también acelera la respiración y la pérdida de agua, afectando a la firmeza, el peso, la coloración y la conservación. Las noches cálidas agravan el problema porque la planta continúa respirando y dispone de menos tiempo para recuperarse.
Medidas para reducir el estrés térmico
La protección frente al calor debe plantearse de forma preventiva e integrada.
El primer paso es anticiparse mediante la previsión meteorológica y el seguimiento de la temperatura, la humedad relativa y la radiación. El riego debe mantener humedad suficiente en la zona radicular para sostener la transpiración, pero sin provocar saturación ni falta de oxígeno. En suelos ligeros y cultivos en sustrato suele ser conveniente fraccionar los aportes y ajustarlos al consumo real. También debe vigilarse la conductividad eléctrica, ya que una acumulación de sales dificulta la absorción de agua.
Entre las medidas más empleadas se encuentran el acolchado, las mallas de sombreo, el blanqueo de invernaderos y la ventilación. Se recomienda mantener la humedad del suelo, utilizar sombreo cuando sea necesario, asegurar la disponibilidad de agua y desplazar el riego y las labores hacia las horas más frescas.
También es importante conservar una cobertura foliar equilibrada. Una poda o un deshojado excesivo pueden dejar los frutos expuestos, mientras que una vegetación demasiado densa dificulta la ventilación. La nutrición debe ajustarse a las necesidades reales, evitando excesos que eleven la conductividad y compliquen la absorción de agua.
Maxi-Lite frente al exceso de radiación
Cosmocel Ibérica dispone de Maxi-Lite, una solución formulada para disminuir el estrés lumínico y térmico, reducir los daños provocados por el exceso de radiación y contribuir a mantener el rendimiento del cultivo y la calidad del fruto. Su acción ayuda a aumentar la tolerancia de las superficies vegetales durante periodos prolongados de alta radiación y favorece la recuperación funcional de los tejidos afectados. Su uso se recomienda de forma preventiva, especialmente durante el cuajado y las primeras fases de desarrollo del fruto
Barrier como apoyo al fortalecimiento de los tejidos
Barrier complementa esta estrategia desde un enfoque diferente.
Durante los periodos de calor, los tejidos pueden sufrir una mayor pérdida de agua y quedar más expuestos a alteraciones de firmeza y calidad. Por ello, Barrier puede incorporarse como herramienta complementaria para reforzar los tejidos y contribuir a conservar la calidad del fruto.
Maxi-Lite y Barrier cumplen funciones diferentes pero complementarias: Maxi-Lite está orientado específicamente a disminuir el estrés lumínico y térmico, mientras que Barrier se dirige principalmente a reforzar los tejidos, reducir daños y favorecer una mejor conservación.
Una estrategia combinada y preventiva
La mejor respuesta frente a las altas temperaturas consiste en combinar un sistema radicular sano, disponibilidad adecuada de agua, ventilación, nutrición equilibrada y protección frente a la radiación. Sobre esta base, Maxi-Lite puede ayudar a reducir el impacto del estrés lumínico y térmico, mientras que Barrier puede complementar el programa fortaleciendo los tejidos de la planta y del fruto.
Ambos productos deben utilizarse conforme a las recomendaciones del asesor, adaptando la dosis, el momento y la forma de aplicación al cultivo, la fase fenológica y las condiciones de la parcela.
El objetivo no es eliminar por completo el estrés, sino reducir su intensidad, conservar durante más tiempo la actividad fisiológica y facilitar la recuperación. La anticipación y la integración de soluciones especializadas permiten proteger mejor el potencial productivo y la calidad de la cosecha durante los meses más exigentes del verano.


